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Monday, 23 May 2011

Fracaso anunciado del Plan Centroamerica

Estoy produciendo un artículo académico para un congreso científico y de la investigación en curso derivé este análisis para publicación en periódico.


El texto abajo ha sido publicado este mes de Mayo en el Diario Digital salvadoreño ContraPunto y en periódico impreso brasileño Brasil de Fato.


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Ahora ya no son especulaciones. Durante la 28 conferencia Internacional para el Control de las Drogas, celebrada en México a principios de abril, el máximo responsable de la lucha antidroga en los Estados Unidos, William Brownfield, admitió que la estrategia contra el narcotráfico de su país, después de 32 años y miles de millones de dólares desperdiciados, es equivocada.


Pese tal declaración y por mayor que sea la contradicción, los Estados Unidos, que hace décadas lideran la lucha contra el narcotráfico con estrategias militaristas de presión a la oferta centradas en Colombia y México, insisten en su solución “ideal”, aquella que sirve para buscar armas nucleares, exterminar villanos terroristas y derribar dictadores sanguinarios: las guerras. Y la guerra se hace a partir de planes; primer el Plan Colombia, después la Iniciativa Mérida, oficialmente fracasados y erróneamente propagados en un nuevo frente, el Plan Centroamérica.


En un contexto de persistente pobreza, desigualdad y desempleo, sumada a un sistema político-jurídico frágil y al dilema de las migraciones, se favorece en Centroamérica el aumento del crimen y las amenazas contra la seguridad nacional que deteriora el tejido social de los países del istmo. Grupos narcotraficantes armados y financiados al lado de las pandillas transnacionales amenazan la estabilidad de los gobiernos centroamericanos, y más allá. “Dado el carácter transnacional de las organizaciones criminales y sus habilidades de explorar espacios político-institucionales débiles, algunos analistas son asertivos en afirmar que la inseguridad en Centroamérica representa un riesgo potencial para los Estados Unidos”, afirma el Servicio de Investigaciones del Congreso Estadounidense, a través del informe de marzo de este año, intitulado Central America Regional Security Initiative: Background and Policy Issues for Congress.


Los Estados Unidos saben que su demanda por consumo de drogas contribuye para la inseguridad ciudadana regional y las consecuencias de esta situación en Centroamérica les afectan intensamente.


Durante la visita de Barack Obama a América Latina en marzo pasado, la pequeña república de El Salvador fue una parada inusitada en la agenda del presidente estadounidense. Pero fue precisamente el tema seguridad la justificación. Obama anunció el repase de US$ 200 millones para el combate al narcotráfico en el país – un rápido señal de planes mayores en articulación. En la implementación de la Iniciativa Mérida, la secretaria de Estado de los EEUU, Hillary Clinton, se esforzaba para probar que el Plan Colombia, iniciado años antes, era un modelo para México. Ambos planos ahora son citados como los modelos para la posible oficialización de un Plan Centroamérica.


Sin embargo, ni Colombia ni Mérida, como ahora ha sido admitido, han logrado que los problemas de seguridad regional sean resueltos tampoco la “guerra” contra el tráfico de drogas vencida.


EL PLAN COLOMBIA


De acuerdo al informe de la organización Insight Crime, el gobierno norteamericano ha repasado hasta la fecha 7 mil millones de dólares a Colombia como parte del Plan para combatir el narcotráfico y la insurgencia armada, la mayor parte en asistencia militar. La ayuda representa entrenamientos, equipamientos bélicos como helicópteros y navíos. Colombia hizo su parte y triplicó su presupuesto militar, casi doblando el tamaño de sus Fuerzas Armadas. Apenas una pequeña parte de la ayuda estadounidense ha sido aplicada para programas socioeconómicos.


La producción de drogas en Colombia permanece alta, pese el éxito del Plan en localizar y eliminar plantaciones de coca. Según informe de abril de 2009 del Agencia del Desarrollo de los EEUU (USAID) intitulado Assessment of the Implementation of the United States Government´s support for Plan Colombia´s Illicit Crop Reduction el área de producción de coca entre los años 2000-2005 fue reducida, sin embargo áreas de cultivo han sido parcialmente retomadas. Los campesinos cultivadores de coca han buscado minimizar la interdicción de las plantaciones buscando áreas menores de plantío.


La inflexible aplicación de la política de “cero cultivos ilícitos” es un obstáculo para el desarrollo socioeconómico en zonas afectadas por la coca porque, pese estar diseñada para promover una cultura de legalidad, acaba por impedir al gobierno de entregar la ayuda que les permitiría a los cultivadores de coca cambiar para una actividad legal. El estado no les ofrece a los campesinos alternativas viables. Los programas disponibles no alcanzan ni un diez por ciento de las familias cultivadoras de coca.


Y aunque la ayuda norteamericana sea utilizada abiertamente también para desmantelar grupos rebeldes armados, paradójicamente ha habido un crecimiento de grupos paramilitares de derecha que han estado sustituyendo los grandes carteles del narcotráfico. La credibilidad del gobierno ha sido afectada por la corrupción y por comprobados lazos de eses grupos con autoridades estatales.


LA INICIATIVA MERIDA


En México, la militarización de la seguridad pública del país, iniciada en 2006 e intensificada con la Iniciativa Mérida en 2008, ya ha enviado más de 90 mil soldados para las calles y ha resultado en una cifra record de 37 mil homicidios relacionados con el narcotráfico. Además hay miles de denuncias de violaciones de los derechos humanos impetradas por la policía y las fuerzas armadas, de acuerdo con los datos divulgados el año pasado por el Americas Program of the Center for International Policy in Mexico City.


El asesinato de políticos, la amenaza a los civiles y las disrupciones de la vida cotidiana en México se han profundizado. La cuestión es particularmente alarmante en el tangente a los inmigrantes. Estimase que más de 400 miles cruzan el territorio mexicano todos los años. Según los datos del Instituto Nacional de Inmigración de México, solamente 150 mil logran llegar al otro lado. La Comisión Nacional de Derechos Humanos revela que entre septiembre de 2008 y febrero de 2009 más de 100 mil inmigrantes fueran secuestrados en México. Los grupos criminosos que actúan en la región – como Los Zetas y el Cartel del Golfo – practican secuestros para cobrar entre mil y dos mil dólares de rescate de las familias de los inmigrantes que muchas veces ya están instaladas en los Estados Unidos.


A pesar de este resultado, la administración Obama ha anunciado planes de extender indefinidamente la Iniciativa Mérida, bajo un presupuesto de U$ 1.6 mil millones. El gobierno Ejecutivo ha requerido un valor extra de U$ 282 millones para el plan en el presupuesto de 2012.


DE CARSI A PLAN CENTROAMERICA


La América Central ha recibido más asistencia en seguridad estadounidense a partir de la Iniciativa Mérida. Sin embargo, apenas U$ 260 millones del más de U$ 1.7 mil millones destinados a ese plan entre los años 2008-2010 han sido alocados para los países del istmo.


La parte centroamericana del Mérida ha sido establecida separadamente a través de la Iniciativa de Seguridad Regional para Centroamérica (CARSI, por sus siglas en inglés) en 2010. De acuerdo al documento del Servicio de Investigaciones del Congreso Estadounidense, los líderes centroamericanos esperan de la Iniciativa Mérida/CARSI una respuesta más incisiva al problema de seguridad en el istmo.


El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, ha reiterado la importancia de definirse un plan de seguridad para Centroamérica y el presidente de El Salvador, Mauricio Funes ha afirmado a la prensa que la capacidad de operación las organizaciones criminales, la capacidad financiera para comprar las instituciones, para permear las instituciones es tal, que se hace necesaria acción internacional coordinada para combatirlas, utilizándose de “las experiencias exitosas que ahora han tenido países como México y Colombia”.


Pero una de las principales tragedias en la guerra contra el narcotráfico es que la guerra misma impide que sean pensadas y establecidas otras estrategias más efectivas porque se presenta como la única opción posible. Mientras el gobierno estadounidense gasta millones de dólares del dinero público para “arreglar” a Latinoamérica poco ha sido hecho para solucionar os problemas del crimen transnacional dentro de sus fronteras tales como la demanda por drogas, la logística de transporte y distribución del producto, las autoridades corruptas, el tráfico de armas y el blanqueo de dinero.


Aunque las fuerzas armadas indiscutiblemente tendrán y tienen un importante papel, aún no está claro hasta qué punto ellas deben ser utilizadas en una estrategia de largo plazo. Más de 50% de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños no confían en las fuerzas armadas, como muestra los resultados de investigación de 2009 en la Universidad Vanderbilt del “Latin American Public Opinion Project”, intitulada “Do you trust your Armed Forces?”. Cualquier aumento de la violencia o percepción de arbitrariedades, como ya ocurre, resultado de las operaciones de CARSI van a conllevar a un aumento de la degradación de la confianza.


En un esfuerzo para crear unidades policiales más efectivas y confiables en nivel municipal, Guatemala, por ejemplo, ha estado invirtiendo en las “Comisaria Modelo”. Parte de un programa que también recibe fondos del Departamento de Estado de los EEUU, los agentes policiales reciben entrenamiento extensivo antes de salir a las calles y constante capacitación. Los agentes también son requeridos a participar de sesiones regulares de detector de mentiras y a tener sus cuentas bancarias monitoreadas como parte de acciones contra corrupción.


Si a nivel regional se le debe apostar a la prevención y la depuración de la policía y la Fuerza Armada, otras estrategias que incluyen acciones en el territorio estadounidense también deben ser realizadas. Rastrear el dinero ilegal, por ejemplo, en lugar de promover tiroteos en las calles de México y Centroamérica, tendría más eficacia. En estos países, y en los EEUU, deberían ser atacadas las estructuras financieras de las organizaciones criminales. Miles de millones de dólares son blanqueados en los negocios de los mercados financieros. Para, de manera seria, debilitar el crimen organizado, es necesario desmantelar el flujo ilegal de dinero, aunque esto afecte intereses poderosos.


Sin dar atención a la prevención y sin atacar la infraestructura del crimen organizado, los planes para intensificar la guerra al narcotráfico a través de un nuevo plan que alcance a las naciones centroamericanas irá conllevar a una nueva era de relaciones militarizadas en Latinoamérica y en los Estados Unidos y dar pasaje a conflictos cada vez más violentos en el continente.

Monday, 22 November 2010

Nueva colaboración para la revista online salvadoreña ContraPunto

"Brasil todavía vive la euforia de una elección que estableció marcos importantes en la joven – pero tratando de presentarse como madura – democracia del país.


En el periodo en que se prepara la sucesión y los nombres que conformarán el nuevo gobierno, analistas de todo el mundo parecen preocupados en discutir cuanto del éxito de la victoria de Dilma Roussef (PT) sobre el candidato de la oposición, de centro-derecha (PSDB), José Serra, pertenece a sus propios meritos políticos o a la irrupción de Lula en la campaña electoral.



Lo “novedoso” y lo que conforma lo que realmente merece análisis en esta elección en Brasil, sin embargo, es la revelación de los prejuicios latentes y el rompimiento del mito de la tolerancia brasileña."



Lea el texto completo en el sitio de ContraPunto.

Tuesday, 27 July 2010

Brasil en el banquillo de la Corte de Derechos Humanos de la OEA

*Texto de mi autoria publicado originalmente en la revista ContraPunto

El estado brasileño finalmente empezará a investigar, localizar e identificar los desaparecidos políticos en el país durante los años de 1961 a 1988, como consecuencia del período de represión de la dictadura militar.

Ya existe legislación para tratar del tema desde 1995, pero solamente ahora el gobierno federal ha movilizado sus estructuras para efectivamente realizarla a través de un acuerdo, firmado día 13 de julio en Brasil, entre la Secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia de la Republica y del Ministerio de la Justicia. “El objetivo es humanitario. Queremos dar a las familias el derecho de saber lo que ha pasado a sus entes queridos”, asegura el Ministro de Derechos Humanos, Paulo Vannuchi.

El ministro también afirmó que la puesta en práctica de la ley busca permitir que Brasil supere el pasado de la violencia de la dictadura y siga adelante en su vida democrática. El país suramericano, sin embargo, parece estar lejos de obtener esta tranquilidad esperada por el ministro y de saldar sus deudas con la Memoria Histórica.

LA PRIMERA VEZ DE BRASIL EN LA CORTE

Tramita desde 2008 en la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) una demanda contra el estado brasileño por la responsabilidad del gobierno en el desaparecimiento forzado de 70 personas y por la falta de aclaración de la verdad de los hechos durante la represión contra la Guerrilla del Araguaia, entre los años de 1972 y 1974, cuando rebeldes brasileños en el norte del país se levantaron en armas contra el gobierno dictatorial.

Esta es la primera vez que Brasil es juzgado por una corte internacional debido a los crímenes perpetrados durante la dictadura. El proceso, iniciado por el grupo “Tortura Nunca Más”, por la Comisión de Familiares de Muertos y Desparecidos Políticos de Sao Paulo y por el Centro por Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), entró en su fase final en mayo de este año, a través de audiencias públicas en San José, Costa Rica, en las cuales fueron oídas familiares de las víctimas, expertos jurídicos y representantes del Estado brasileño.

El Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF) rechazó en abril de este año la demanda que permitiría revisar la polémica – así como en El Salvador – Ley de Amnistía, cuya vigencia impide se llevar a juicio los representantes del Estado acusados de practicar actos de tortura durante el régimen militar brasileño (1964-1985).

Con el voto de siete jueces contra dos que aceptaron la revisión de la Ley 6683/1979, la Corte Suprema se pronunció por la constitucionalidad de la norma que concedió el presunto perdón tanto a los militares como a sus adversarios. El STF de Brasil decidió que las victimas no tienen el derecho de llevar a juicio los torturadores de la dictadura y por lo tanto la Corte Interamericana se convirtió en la esperanza para que, de acuerdo al Derecho Internacional, los familiares de las victimas puedan buscar la reparación integral negada por el Estado brasileño.

El abogado Belisario dos Santos Junior, notorio nombre en la lucha por Memoria Histórica de la dictadura militar en Brasil y uno de los testigos contra el Estado en la audiencia en la Corte Interamericana, declaró en entrevista a periódicos brasileños que el STF se ha equivocado en su decisión de no aceptar la revisión de la Ley de Amnistía. “El STF no ha tomado una decisión jurídica, sino de interpretación histórica sobre un acuerdo, no negociado, que presuntamente se trataba de un hecho para no ser discutido en el futuro. Los ministros del STF entendieron que había un hecho y como lo que ellos entienden se convierte en ley, nosotros tendremos que convivir con esta ficción creada por ellos”, argumenta Belisario.

Belisário afirma que la Corte Interamericana ha dado señales de que no aceptará la auto-amnistía del Estado brasileño impuesta por la legislación vigente. “Si Brasil es condenado por la OEA eso podría implicar en la obligación al Estado de revocar parte de Ley de Amnistía y de perseguir judicialmente a los responsables por las torturas cometidas durante aquél período. Yo creo que Brasil cumplirá las determinaciones de la Corte”

El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA sobre la demanda contra Brasil deberá ser emitido el próximo mes de agosto.

Sunday, 9 May 2010

El fiasco brasileño no es modelo para El Salvador

*Publicado en el 8 de mayo la revista salvadoreña ContraPunto (Lea aquí)

La ley de la amnistía brasileña fue establecida para buscarse la pacificación del país. Esta fue una de las tesis defendidas en el Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF) para rechazar, en el día 29 del mes pasado, la demanda que se aprobada permitiría revisar la legislación cuya vigencia impide se llevar a juicio los representantes del Estado acusados de practicar actos de tortura durante el régimen militar brasileño (1964-1985). Con el voto de siete jueces contra dos que aceptaron la revisión de la Ley 6683/1979, la Corte Suprema se pronunció por la constitucionalidad de la norma que concedió el presunto perdón tanto a los militares como a sus adversarios. El propio Ministro de la Justicia de Brasil, Tarso Genro, (que recientemente se ha retirado del gobierno para postularse a gobernador de uno de los estados de la federación), considera que “el fallo del STF revela que pese la madurez política alcanzada, todavía persiste el miedo de la dictadura en Brasil”.

Un completo fiasco brasileño digno del llanto depresivo de un cavaquinho en un samba triste. Paradójicamente a sus aspiraciones de liderazgo regional, e incluso global, Brasil ha tirado en el basurero su chance histórica de hacer valer sus posiciones de defensor de los derechos humanos y de empezar a ganar real credibilidad en la comunidad internacional sobre la materia. Pero mucho más que esto, desde el punto de vista interno, el poder judiciario del país podría haber finalmente empezado un proceso de generación de confianza de sus ciudadanos en las instituciones nacionales, podría haber establecido la Memoria Histórica como un verdadero pilar conceptual de un país que se quiere llamar democrático. No lo hizo. Los torturadores seguirán libres, sin juzgamiento y ni siquiera serán conocidos públicamente.

Brasil ahora ocupará su vergonzoso puesto de reo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA que juzgará las demandas referentes a los desaparecimientos de presos políticos durante la guerrilla del Araguaia (1972-1975) en los días 20 y 21 de este mes. El caso ha tramitado durante 12 años en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y finalmente ha llegado a la Corte. La expectativa es que el fallo sea proferido hasta el final del año.

Se ha impuesto en Brasil la tesis de que la amnistía fue producto de un acuerdo político y que este tiene más peso e importancia que la defensa de los derechos humanos. “El Supremo ha consagrado la regla de oro de los dictadores, que dice que antes de soltar el poder no deben olvidarse de promulgar una amnistía para ellos mismos”, dijo el presidente de la Comisión de Amnistía del Ministerio de Justicia, Paulo Abraao.

La ley de amnistía permanece como el gran reto brasileño en derechos humanos y, consecuentemente, en democracia, análogamente al reto salvadoreño. Es lamentable que en el momento en que las dos naciones nunca estuvieran tan cercanas, a nivel oficial y a nivel personal entre sus mandatarios, Brasil se niegue a revisar o derogar su amnistía que beneficia a perpetradores de crímenes de lesa humanidad.

En El Salvador, La “Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz”, amplió el alcance de la Ley de Reconciliación Nacional, es decir, la ley que ya se había aprobado el 1 de enero de 1992. También en el país centroamericano hay un entendimiento de que estas legislaciones son resultado de una negociación política que, por ende, protegió a personas que habían sido identificadas como responsables por actos de barbarie.

Permanece vigente en ambos países la desmemoria. Y Brasil ha oficialmente establecido la legitimación judicial de la tortura. La amnistía establecida en 1979 fue para los crímenes políticos en el periodo da la dictadura. Por lo tanto, stricto sensu, la decisión del STF no se trataba de una revisión de la ley porque tortura no es crimen político, sino contra la humanidad, y los gobiernos militares nunca ha reconocido la tortura como un acto oficial del Estado.

Con el fallo del STF, Brasil ha firmado su renuncia de la posibilidad convertirse en modelo de lucha por la Memoria Histórica. Muy diferentemente de sus vecinos suramericanos, el país se hizo un ejemplo de impunidad. Su participación, en marzo de 2009, en el “Tribunal Internacional para la Aplicación de la Justicia Restaurativa en El Salvador” apuntaba como una importante muestra de la posibilidad de desarrollar políticas oficiales de cooperación sobre este tema. Esta lucha histórica de inúmeras organizaciones e individuos contra la impunidad, la herida conscientemente dejada abierta en la sociedad desde la promulgación de la amnistía “amplia e irrestricta” en 1979, tiene sus representaciones dentro del proprio gobierno federal brasileño.

Las posiciones de las autoridades gubernamentales y judiciales están divididas. Entre los que siempre ha criticado la posibilidad de revisión de la ley están el ministro de Defensa, Nelson Jobim, para quien el nuevo examen de la ley seria revanchismo; el jefe de la Advocacia Geral da União, José Antonio Dias Toffoli, que defiende la constitucionalidad de la ley de amnistía y que los crímenes practicados han prescrito; y del ex - presidente del STF (que dejó el cargo una semana antes de la votación sobre la legislación), Ministro Gilmar Mendes, para quien no sería posible distinguir entre los crímenes cometidos por agente del Estado y de organizaciones contra el régimen.

Del otro lado están el Orden de los Abogados de Brasil (OAB), entidad promotora de la demanda Arguiçao de Descumprimento de Preceito Fundamental ADPF -153, cuyo presidente, Cezar Britto, ha declarado que la revisión de la de amnistía es vital para consolidar la democracia en Brasil; el titular de la Secretaria Especial de Derechos Humanos de la presidencia de la República (instituida en el gobierno Lula), Paulo Vannuchi, que defiende que la tortura es un crimen imprescriptible y el ex - ministro de Justicia de Brasil, Tarso Genro, ya mencionado, que pide la desclasificación de los archivos militares y el castigo penal de los responsables de las torturas cometidas durante la dictadura.

Igualmente, en la sociedad salvadoreña hay un lado que considera la búsqueda por verdad, justicia y reparación, la base de la Justicia Transicional, un peligro para la paz alcanzada en el país, nombradamente representantes del partido derechista ARENA, que estuvo en el poder Ejecutivo desde el fin de la guerra. Del otro lado, organizaciones de la sociedad civil no se conforman en aceptar únicamente esta paz negativa y denuncian la necesidad de una verdadera reconciliación nacional y construcción de paz basada en la promoción de los derechos humanos y de la Memoria Histórica.

En el inédito El Salvador gobernado por la izquierda acabar con la desmemoria que contribuye para entorpecer la posibilidad de paz en el país es también parte (o lo era) de las expectativas depositadas en la gestión Mauricio Funes. El FMLN manifiesta expresamente en su programa de gobierno que promoverá la Memoria Histórica como parte de los mecanismos para consolidar la paz que está en la base de sus objetivos. Funes pidió perdón en nombre del Estado salvadoreño a las víctimas de la guerra, hubo condecoración de los mártires de la UCA, Monseñor Romero fue oficialmente homenajeado, pero las pendencias en verdad, justicia y reparación siguen iguales.

Funes ya ha señalado que no está interesado en derogar la ley de amnistía. Durante la conmemoración de los 30 años de la muerte de monseñor Óscar Romero, única acción de reparación promovida por el Estado salvadoreño, el presidente dijo que la derogación de la ley no le compete al Ejecutivo sino a los “organismos jurisdiccionales” y a la Asamblea Legislativa. Lo mismo ha hecho Lula en Brasil, y esta es la posición también de su protegida, candidata a sucesión presidencial, Dilma Roussef.

Las similitudes de Brasil con el proceso salvadoreño de reconciliación nacional y construcción de una paz positiva son evidentes – la negación de la memoria; el intento por el borrón y cuenta nueva; la falsa consolidación de la democracia, pues se basa en el miedo de enfrentar el pasado. El gobierno brasileño, que parecía que avanzaba a pesar de la lentitud y con divergencias internas, dio un enorme salto hacia tras.

Friday, 26 February 2010

Cuanto valen US$ 300 millones brasileños?




*Texto de mi autoria publicado en la revista ContraPunto.




La pregunta del millón: ¿Cuánto cobrará el presidente Lula (Brasil) por el crédito que será brindado a El Salvador este jueves para la renovación del transporte colectivo del país? El cuestionamiento ha sido levantado por un perspicaz lector anónimo de ContraPunto (lea aqui) en la noticia que presentaba la confirmación del acuerdo y merece la pena analizarse.

Lula va a El Salvador por la segunda vez en dos años. Antes de él, nunca un presidente brasileño había puesto los pies en las tierras cuzcatlecas. Cuando vino en 2008, como invitado en la Cumbre de jefes de Estado del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), Antonio Saca aun era el mandatario, pero la cita privada fue con el entonces candidato a presidencia, Mauricio Funes, en una clara demostración de su apoyo electoralmente importante en aquel momento del juego.

Tener la imagen pegada a la de un internacionalmente respetado y moderado presidente de izquierda del propio continente latinoamericano era esencial en la polarizada disputa política salvadoreña y daba el tono de las direcciones de la futura prioridades de las relaciones exteriores del país. Los análisis que presentábamos daban cuenta de lo que se acabó confirmando – la relación con Brasil se ha convertido en una estrategia clave de la política salvadoreña.

Sin embargo, tal situación no está basada solamente en el hecho de que aún cuando actuaba como periodista, Funes fue presentado a Lula por su actual esposa, la brasileña naturalizada salvadoreña, Vanda Pignato – la primera dama del país y la Secretaria de Inclusión Social del gobierno FMLN, que fue militante fundadora del Partido de los Trabajadores (PT) y una de las principales organizadoras de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la sigla. El mandatario brasileño, desde hace algunos años, ha mantenido una estrecha relación con Mauricio Funes y en su discurso de toma de posesión, el presidente salvadoreño dejó bastante explícito que Lula, su “amigo personal”, es el referente de su gobierno. Luego de la victoria electoral del FMLN, Brasil fue el primer país que Funes visitó, donde nuevamente se encontró con Lula, y su primer viaje oficial como presidente también fue al gigante de Suramérica, el septiembre del año pasado.

Brasil, que desde el final de la dictadura militar (1964-1985) ha estado buscando consolidar la institucionalidad caminando hacia la madurez democrática, es parte del grupo de países líderes en acciones de cooperación de modalidad Sur-Sur. Esta se ha consolidado dentro de la cooperación internacional al desarrollo y conforma hoy una de las tendencias más significativas en este ámbito: la actuación de países de renta media que se mantienen como receptores de fondos de Ayuda Oficial al Desarrollo a la vez que implementan proyectos de asistencia técnica e intercambio de experiencias.

En los últimos años, Brasil ha ganado importancia e influencia en diferentes áreas de la arena internacional. Su economía ha crecido hasta alcanzar el décimo puesto del mundo y es la mayor de Sudamérica, pues representa la mitad del PIB total del continente. Brasil, junto a Rusia, India y China (BRIC), se ha convertido en un actor preponderante en el escenario global.

La posición de Brasil en la cooperación Sur-Sur en Iberoamérica se enmarca entre los países que más donan. El Salvador, a su turno, entre los que más reciben y la actual y exclusiva relación recién gestada y manifiesta por ambas naciones, incluso facilitada por las relaciones personales entre los mandatarios, tiene su primera materialización en esta otorgación de Brasil de un crédito por $300 millones a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para renovar la flota de buses que ofrecen servicio de transporte colectivo en El Salvador.

Brasil es hoy el más importante “player” del tablero geopolítico de Suramérica y ha estado ganando cada vez más relevancia en los asuntos políticos de América Central. A parte de su participación protagonista en la crisis de Honduras, el Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil) crea pasaje para el desarrollo de su concepto de “liderazgo sin hegemonía” en el hemisferio aumentando su influencia en Centroamérica a través de El Salvador.

En un momento en que los Estados Unidos buscan recuperar posiciones de influencia en el continente, que no tuvieran tanta notabilidad durante la era Bush debido a las energías dispensadas en Afganistán e Irak, Brasil inventa formas de expansión económica y políticas, sin recurrir al imperialismo bélico tradicional. El estado brasileño se esfuerza en el trabajo de la integración suramericana, impulsando la Unión de Naciones Suramericana (UNASUR) y el Consejo de Defensa Suramericano, pero sabe que una eventual unión del SICA y del MERCOSUR podría ampliar decisivamente su papel de potencia regional.

El Salvador actualmente, dada las viejas y buenas relaciones existentes el PT y el FMLN, y teniendo la presencia de una antigua “compañera” en el centro neurálgico del gobierno salvadoreño, es el camino natural para expandir esa estrategia. Pero no es solo esto.


UNA INVITACION IRRECUSABLE

Hay también el factor “invitación irrecusable para El Salvador”, como define el gobierno brasileño en el blog de la presidencia de la republica, Blog do Planalto.

Expandir la producción de etanol en el marco del Acuerdo Brasil-Estados Unidos sobre Biocombustibles es otra prioridad del gobierno brasileño. Brasil es el país con mayor experiencia mundial en este sector debido a su programa de producción de etanol a partir de la caña de azúcar que fue implementado en escala nacional. Los Estados Unidos y el Brasil - los dos principales productores mundiales de etanol - acordaran en 2007 impulsar la producción del combustible a nivel regional y multilateral con el objetivo de convertirlo en un commodity. En la ocasión de la firma del acuerdo, Lula dijo que “si financiamos proyectos de producción de etanol en países pobres y luego esta producción es comprada por los países ricos, entonces estaremos creando empleo y desarrollo” (traducción libre del portugués).

Durante la Cumbre del SICA en 2008, en la primera visita de Lula a El Salvador, un encuentro empresarial Brasil-SICA también ha sido llevado a cabo y el biocombustible fue uno de los principales puntos debatidos como oportunidades de negocio entre los dos países. Mauricio Funes en la época declaró: “Un país como Brasil que puede transferirnos tecnología y ayudarnos para que también aprovechemos el Tratado de Libre Comercio que tenemos con los Estados Unidos de modo tal que con la tecnología brasileña y de esta manera reducir nuestra factura petrolera es un aporte fundamental para el crecimiento de la economía salvadoreña. Creemos en destinar la caña de azúcar para la producción del biocombustible y no el maíz, porque esto no implicaría poner en riesgo nuestra seguridad alimentaria” El año pasad Funes reafirmó su interés en conseguir que la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) instale una sede regional para la investigación agrícola en El Salvador, ambición que también tiene el gobierno panameño.

Oportunidad para ampliar su liderazgo hemisférico y espacio para la producción de biocombustible. Este es precio brasileño para ofertar el préstamo de 300 millones de dólares a El Salvador. Si una compensa la otra, es una respuesta que las necesidades e intereses estratégicos de ambos estados pronto nos darán.

Monday, 8 February 2010

La realpolitik y la vigencia del golpe en Honduras




(Texto de mi autoria publicado en la revista salvadoreña ContraPunto)

Hay un curioso silencio sobre la cuestión Honduras. Parece que nadie quiere decir con todas las letras que hubo una derrota del ex-presidente Manuel Zelaya y de la diplomacia internacional en el obtuso golpe de Estado ocurrido en junio del año pasado. Los que se manifiestan sin pudores en reconocimiento al golpe son los que ya no sorprenden, pues son gente como Álvaro Uribe, Ricardo Martineli, Barack Obama. Tampoco será sorpresa que el nuevo presidente del Chile, Sebastian Piñera, pronto envíe sus saludos a Porfirio Lobo. Su investidura como presidente de Honduras – nada más que un instrumento articulado por los golpistas rabiosos y miedosos de transformaciones progresistas – es la legitimación de un vergonzoso precedente en el continente; un método de intervención que, quizás ingenuamente, ya era considerado anacrónico. Los demás actores internacionales usan subterfugios para expresar sus posiciones. O peor aún, dan señales de reculo o de aceptación del gobierno que representa un continuismo del golpe, ahora vestido con un disfraz de institucionalidad. La mayoría de los países latinoamericanos y caribeños espera la cumbre de presidentes del Grupo del Rio, que ocurre día 21 de este mes en Cancún, México, para hacer explicitas sus posiciones.


El simple hecho de hacer callada mientras Lobo emprende su búsqueda por reconocimiento internacional es preocupante. En el contexto de las Américas ningún asunto jamás ha tenido el rechazo que ha tenido lo de Honduras. Cuando Cuba fue suspendida de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en 1962, fue en votación dividida; Honduras como el segundo país en sufrir esa suerte lo fue en votación unánime. Pero días antes de la investidura de Lobo el Secretario General de esta Organización, José Miguel Insulza, calificó como “buena noticia” los compromisos anunciados por el continuador del golpe. “El compromiso que asume de manera completamente libre y personal el señor Lobo de crear un gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional son un buen camino”, aseguró el Secretario. Lo curioso es que la reconciliación posible es únicamente entre los cinco tristes e degenerados partidos hondureños, entre perder o no privilegios a través de un común acuerdo para que la cooperación internacional regrese al país antes que el Estado colapse y ya no haya ningún poder que repartir. El pueblo y los movimientos sociales y populares no están dispuestos a institucionalizar los rompimientos del estado democrático y de derecho a través de pactos con golpistas. El Frente Nacional de Resistencia en Contra del Golpe de Estado ya anunció que busca el fracaso del gobierno golpista (ahora encabezado por Lobo), y que el objetivo es una Asamblea Constituyente.


Si sumado a esa disposición de resistencia de los sectores populares se toma la economía para medir los problemas de Lobo, el pueblo hondureño paga caro por las irresponsabilidades de su patética elite. Según la Comisión Económica Permanente para América Latina (CEPAL) Honduras cerró el 2009 con una contracción de su Producto Interno Bruto equivalente al 3%, lo que la llevó a registrar su primera recesión en los últimos diez años. El nuevo presidente del Congreso hondureño, Juan Orlando Hernández, en entrevista a la BBC, se refirió a la pérdida de por lo menos 200 mil empleos a raíz de los sucesos de junio pasado.


Aun así, el Secretario Insulza, ansioso por intentar esconder la falta de capacidad de la OEA en solucionar crisis de esta magnitud, llamó los países de la organización a evaluar el presunto “retorno progresivo” de Honduras a la convivencia democrática, en un indicativo bizarro de asumir la investidura de Lobo como un avance y de intentar convencer que hubo éxitos del Acuerdo Tegucigalpa-San José, pues la única propuesta del Acuerdo ya no se va a poder cumplir será el retorno del Presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya.


Para sustituir este pequeño detalle del Acuerdo que por razones ocultas (digámoslo con ironía) no pudo ser aplicado, se planteó y se organizó a Zelaya una “salida digna”. Quizás a Lobo le hubiera gustado asumir la presidencia con Zelaya ya fuera del país pero este sólo pudo salir hacia la República Dominicana cuando el nuevo mandatario, elegido bajo la dictadura de Roberto Michelleti, ya tenía encima la banda presidencial. Todo lo que el presidente constitucional pudo decir fue un solitario “volveré” con ansias de hacer valer la lucha y la dignidad. Zelaya dejó la Embajada brasileña en Tegucigalpa donde estuvo unos cuatro meses para ir al aeropuerto y dejar su país a través de un salvoconducto apenas algunas horas después de Lobo haber asumido su cargo.


Es sintomático que tanto Zelaya y el presidente de la Republica Dominicana, Leonel Fernández, abogaron por una reforma a la Carta Democrática Interamericana, aprobada en 2001. No hay sanciones coercitivas a los regímenes golpistas contempladas en el documento, que sólo establece la suspensión del país de OEA. Jorge Heine, abogado, diplomático y ex ministro de Estado chileno, asevero en artículo para el periódico español El País sobre el caso Honduras que “si el sistema interamericano es incapaz de restaurar la democracia en Honduras, uno de los países más débiles de la región, no es capaz de hacerlo en ninguna parte. Y si se permite el éxito del golpe de Estado en Honduras, se habrá sentado un precedente muy grave”.


La hesitación o retroceso de los países que antes firmaron el rechazo al golpe en Honduras es la legitimización de este precedente. Sentado sobre la “real politik”, El Salvador ha estado actuando de esta manera (Honduras, además de toda la complejidad con el tema frontera, es un importante socio comercial). El Canciller Hugo Martínez afirmó que El Salvador da los primeros pasos para restablecer relaciones con Honduras. “Vamos hacia la normalización de relaciones con Honduras y estamos trabajando para que esto sea lo antes posible", declaró la prensa.


Y Brasil, que acabó por convertirse en uno de los protagonistas en la crisis, permite que la prensa reaccionaria del país tilde su acción diplomática (al divulgar la versión que el país dio señales de rever su posición) por afirmar que espera la reunión del Grupo del Rio para nuevas manifestaciones.


Pero Brasil no puede hesitar. La apuesta de Brasil en el caso hondureño fue duramente criticada por gente como Jorge Castañeda, canciller mexicano, al decir que el gigante se comportaba como un enano por asumir batallas menores por países “poco decisivos”. Sin embargo, al calcular estos riesgos, la diplomacia de Brasil, busca hacer del país un nombre esencial en Latinoamérica. El caso de Honduras está en el marco del esfuerzo por recuperar y consolidar la democracia en el continente a través de la táctica de evidenciar su influencia y capacidad conciliadora. El rol de más peso en las relaciones internacionales conquistado por América Latina en los últimos años, con la reducción de la presencia estadounidense y aumento de la cooperación sur-sur, constituye un capital político que está siendo puesto a prueba en Honduras. Mientras la sociedad hondureña en su conjunto no termine de procesar los sucesos del 28 de junio de 2009, el tema seguirá siendo una potencial fuente de conflicto en el país.


Como potencia regional con aspiraciones globales, Brasil no puede darse el lujo de no seguir firme por la resolución de las crisis en su entorno, pese que Centroamérica no está en su esfera de influencia inmediata. Asumir la crisis de Honduras en su agenda de prioridades es justamente un camino para ampliar su liderazgo hemisférico y ser tomado en serio en el resto del mundo. En el caso de Brasil, no hay “realpolitik” que justifique un retroceso en su posición en no reconocer el gobierno de Porfirio Lobo y esta firmeza es lo que se espera que el país mantenga en la cumbre del Grupo del Rio.

Monday, 4 January 2010

Los miedosos militares brasileños y las lecciones para El Salvador

El establecimiento de una Comisión de la Verdad en Brasil fue anunciado en diciembre pasado, casi 25 años después del fin de la dictadura militar. Su creación había sido recomendada en la ley de amnistía brasileña en 1979, pero jamás había sido implementada.

Aunque retrasada su instauración fue celebrada cuando comunicada durante el lanzamiento del Tercer Programa Nacional de Derechos Humanos de Brasil (PNDH-3). El documento, fruto de una serie de conferencias regionales y nacionales, fue firmado por 29 ministerios brasileños y posee un inédito capítulo sobre “derecho a la memoria y la verdad”. Ya formalizado en un decreto publicado en el Diario Oficial, se prevé, entre otros puntos, la creación de la Comisión que conforma la primera vez que Brasil investiga oficial y formalmente el tema, centrado en crímenes de lesa humanidad como la tortura, sufrida por centenares de brasileños durante el régimen dictatorial (1964-1985). El propio presidente Lula y varios de sus ministros han sido arrestados y torturados por los militares durante la dictadura, lo que ayuda a entender como más plausible la atención del gobierno para las reivindicaciones sobre el tema que tiene como principal fuente de impulso la labor de la Secretaria Especial de Derechos Humanos, dirigida por Paulo Vannuchi.

No obstante, la creación de dicha comisión fue interpretada por unos asustados jefes militares como una iniciativa para intentar derogar la Ley de Amnistía y consideraron los términos del decreto 'revanchistas y provocadores', ya que prevén hasta el cambio del nombre de calles y edificaciones bautizadas en homenaje a oficiales del régimen dictatorial. Los principales medios de comunicación de Brasil dieron noticia de una crisis desatada un día después del anuncio del Programa de Derechos Humanos, el 21 de diciembre. En una reunión con Lula, el ministro de Defensa, Nelson Jobim, y los comandantes del Ejército, el general Enzo Peri, y de la Fuerza Aérea, el general Juniti Saito, decidieron presentar su renuncia, que no ha sido aceptada por el presidente. Sectores del gobierno, como el ministro Paulo Vannuchi, y el de Justicia, Tarso Genro, admitieron divergencias con los mandos militares pero negaran cualquier crisis.

Lula ha sido puesto en papel de mediador de la situación, y supuestamente ha aceptado modificar el decreto para evitar tensiones. Sin embargo, el gobierno aseguró que el proyecto de ley para la creación de la Comisión sería enviado para votación del poder legislativo en abril de este año. Tarso Genro, aseguró que no hay "ninguna controversia insanable" y afirmó que el Presidente brasileño está tranquilo y "lo va a resolver con su capacidad de mediación". Vannuchi, por su turno, afirmó que "crear una Comisión de la Verdad va a favor de las Fuerzas Armadas (...). No hay ningún sentido revanchista", El ministro busca diferenciar entre los militares "dedicados a la patria y al servicio público" y los responsables de torturas y desapariciones de opositores durante la dictadura.

El conservadurismo y el miedo de estos sectores de la política brasileña representados por el ministro Jobim y los comandantes militares son degradantes. Lastimosamente, las principales autoridades militares brasileñas todavía son alineadas con los que en 1964 rasgaron la Constitución del país en nombre de la paranoia contra-comunista y a favor de un acercamiento ciego y estúpido con las políticas estadounidenses.

No ha surgido en Brasil todavía un gobierno capaz de cambiar el norte de la formación de los militares del país que aun están aferrados a la anticuada y peligrosa “doctrina de seguridad nacional” que genera oficiales reaccionarios y sin visión de realidad. El legado de la Escuela de las Américas persiste e impide el paso de un real proceso de reconciliación nacional basado en el perdón y no el olvido o desmemoria; en la justicia y no en la impunidad inescrupulosa.

Las similitudes con el proceso salvadoreño de reconciliación nacional y construcción de una paz positiva son evidentes – la negación de la memoria; el intento por el borrón y cuenta nueva; la falsa consolidación de la democracia, pues se basa en el miedo de enfrentar el pasado, Sin embargo el gobierno brasileño avanza, quizás demasiado lento y con divergencias internas, pero si se mueve hacia la búsqueda del conocimiento de episodios tan esenciales para la definición de la propia identidad nacional. Lula se viste con la ropa de conciliador y evita el enfrentamiento directo, pero es simbólico y transcendental que haya en la recién aprobada política general de Derechos Humanos del país un capitulo enteramente dedicado a la memoria, la verdad y la justicia de un pasado-tabú y lleno de tantas sombras.
El Salvador tiene Brasil como su modelo de gestión, y las relaciones entre los mandatarios de ambos países, incluso a nivel personal, esta más afinada que nunca. No habrá consenso jamás dentro del gobierno, cualquier que sea, sobre como abordar el tema, pero es necesario moverse. Es una oportunidad de memoria y de real construcción de paz que no se puede dejar pasar.

Thursday, 10 December 2009

Funes, ¿el memorioso?

Articulo de mi autoria originalmente publicado en la revista salvadoreña ContraPunto

Por Aleksander Aguilar (*)

Acabar con el tormento de la desmemoria que contribuye para entorpecer la posibilidad de paz en El Salvador es también parte de las expectativas depositadas en el gobierno Funes.

LONDRES-
El presidente Funes, pese la coincidencia de su apellido con lo del personaje del cuento del prestigioso escritor argentino Jorge Luis Borges, Funes el memorioso, no deberá coincidir en actuación a Ireneo Funes. A raíz de un accidente, el protagonista sufre un extraño fenómeno por el cual no puede olvidar absolutamente nada. Nada escapa de su memoria, pero no es capaz de pensar. Todo lo recuerda con precisión, pero sin capacidad de reflexionar, hasta el punto de que el presente se convierte en algo intolerable.

Acabar con este tormento de la desmemoria que contribuye para entorpecer la posibilidad de paz en El Salvador es también parte de las expectativas depositadas en el gobierno Funes. El olvido oficial, que es lo que sigue presente en El Salvador, deberá encontrar un final si se considera declaraciones, posiciones y acciones de la actual administración.

Como ejemplo, por lo menos retorico, del actual gobierno en enfrentar las deudas del estado salvadoreño en materia de verdad, justicia y reparación, es importante destacar la declaración del actual vicepresidente del país, Salvador Sanchez Ceren, cuando dijo que “el pensamiento y doctrina de Monseñor tienen actualidad porque mientras se le esconda la verdad a la gente se irá construyendo una falsa democracia que a lo largo puede desatar otro ciclo de violencia. La verdad es un componente esencial de la justicia, y el déficit de justicia es uno de los saldos negativos que tiene el proceso de paz. (…) Yo creo que mientras exista la necesidad de que la sociedad salvadoreña requiera reconciliación no tiene validez argumentar que se va a poner en peligro el proceso democrático y la paz”[1]. Y añade: “Tal como señalan los Acuerdos de Paz, la reconciliación es un valor decisivo para el presente y futuro nacional y muy difícilmente habrá reconciliación si aquellos que cometieron graves daños a la sociedad no son sometidos a la justicia”[2].

Con más peso que declaraciones a la prensa, en el Programa de Gobierno del FMLN 2009-2014 el Frente reconoce la necesidad de reconciliación nacional en el país y apuesta en la implementación cabal de los Acuerdos de Paz de 1992 y en la consolidación del Estado democrático y de derecho para llegar a este objetivo. Clara y explícitamente, el Frente afirma: “Honraremos los Acuerdos de Paz como parte de la agenda del país para el desarrollo de la democracia, el respeto a los derechos humanos y la reconciliación”[3].


El FMLN manifiesta expresamente que promoverá la memoria histórica como parte de los mecanismos para alcanzar la reconciliación nacional que está en la base de los objetivos de su gobierno. En su propuesta para políticas de derechos humanos, en materia de justicia, verdad y reparación, el partido se compromete a:
- Promoción y garantía de una política de justicia, verdad y reparación respecto de las graves violaciones a los derechos humanos sucedidas en el presente y en el pasado reciente. Se adoptará una política de reparación integral --material y moral-- a las víctimas de dichas violaciones.

- Programa estatal de reparación de víctimas de violaciones de derechos humanos, con base legal y con recursos del presupuesto del Estado y de la generosa cooperación de la comunidad internacional.
- Reconocimiento de la responsabilidad estatal en las violaciones de derechos humanos, según el dictamen de los órganos legalmente competentes; al compromiso ético de pedir disculpa pública a las víctimas y a sus familiares, tomando las medidas necesarias para garantizar la no repetición de tales violaciones.
- Apoyo a las demandas ciudadanas relacionadas con la investigación y el esclarecimiento de los casos de violaciones de derechos humanos; y firme compromiso de combatir y erradicar la impunidad en todas las esferas del Estado, en el marco de las disposiciones de nuestra Constitución de la República.[4]



La aun tímida, pero presente materialización de esas posiciones por parte del poder Ejecutivo se manifiesta con un inédito compromiso oficial asumido internacionalmente por el gobierno del país: el Estado salvadoreño aceptó su responsabilidad por los daños causados a la Iglesia, la población y la familia de monseñor Óscar Arnulfo Romero y el presidente Funes también se ha manifestado sobre el asesinato de los jesuitas de la Universidad Centroamericana (UCA) en 1989. En la conmemoración que recordó los 20 años de la ejecución de los religiosos – además de la ama de llaves y la hija de esta, Julia Elba Ramos y Meredith Ramos – Funes afirmó que el acto significa “retirar un velo espeso de oscuridad y mentiras para dejar entrar la luz de la justicia y la verdad. Significa levantar la alfombra polvosa de la hipocresía y empezar a limpiar la casa de nuestra historia reciente. Porque no es posible entender nuestro país y conocernos como comunidad, si no conocemos el pasado común”[5]


De acuerdo a Salvador Sánchez Cerén en referencia al incumplimiento de los Acuerdos de Paz de 92, “es este hecho lo que hace que el país no haya avanzado todo lo necesario en la construcción democrática y que tenga un gran déficit en lo referente al Estado de derecho y la justicia social”.[6] No obstante, organizaciones de la sociedad civil salvadoreña afirman que “no han contado con apoyo consistente por parte de la clase política salvadoreña, incluyendo a los partidos que en el pasado estuvieron en la oposición como el FMLN, hoy en el poder”[7] .


La disposición y capacidad del nuevo gobierno - presidido por un político considerado de izquierda moderada - en enfrentar ese pasado y buscar reconciliación nacional a través de la justicia con la promoción de la memoria histórica es una de las grandes preguntas y principales retos de la nueva fase política salvadoreña.



[1] SÁNCHEZ CERÉN, S. Con sueños se escribe la vida, Editorial Ocean Sur, San Salvador, 2008, p.131.
[2] Idem, p. 131
[3] Frente Fababundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Cambio en El Salvador para vivir mejor: programa de gobierno 2009-2014. San Salvador, agosto 2008, p. 93. Disponible en http://www.fmln.org.sv/fmlnORG/archivos/file/2008/gobierno%20del%20cambio.pdf
[4] Ibdem, p. 83
[5] Presidencia de la República de El Salvador. Condecoración “Orden José Matías Delgado”, Grado Gran Cruz Plaza de Oro, a los Sacerdotes Jesuitas. San Salvador, 16 de noviembre de 2009. Disponible en http://www.presidencia.gob.sv/discurso/2009/11/disc1601.html.
[6] SÁNCHEZ CERÉN, S. Con sueños se escribe la vida, Editorial Ocean Sur, San Salvador, 2008, p. 239
[7] INSTITUTO DE DERECHOS HUMANOS DE LA UNIVERSIDADE CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEÓN CAÑAS (IDHUCA). Presentación al Mecanismo de Revisión Universal Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, 7ª Sesión: febrero, 2010. San Salvador, Septiembre 2009, p. 4. Disponible en http://www.ictj.org/static/Publications/UPR_ElSalvador_Spanish.pdf


Wednesday, 28 October 2009

Después de 25 años, Brasil tendrá su Comisión de la Verdad




Las investigaciones de graves hechos de violencia ocurridos durante la dictadura militar que vigoró en Brasil de 1964 a 1984 fueran muy diferentes de los exámenes de la Comisión de la Verdad, oficialmente instituida en El Salvador como parte de los Acuerdos de Paz de 92. La iniciativa brasileña fue un esfuerzo casi clandestino que ha conformado una especie comisión de carácter informal en el gigante del sur.

Activistas y organismos de derechos humanos, sin mandato gubernamental, bajo la dirección del Cardenal Evaristo Arns de la Arquidiocesis de Sao Paulo, crearon en el informe Brasil Nunca Mais. Alrededor de treinta personas vinculadas a la Arquidiócesis trabajaron por más de cinco años en el más absoluto secreto para obtener los documentos, analizarlos, comprobar la información, y procesarla de acuerdo a criterios fijados previamente.

La investigación comenzó en agosto de 1979 y fue concluida en marzo de 1985. En ese período se logró sistematizar informaciones contenidas en 707 expedientes de procesos llevados ante el Tribunal Militar Supremo.

El resultado del trabajo se difundió en volúmenes de más de 6000 páginas con el título Brasil Nunca Mais, denominado Projeto A y que tuvo apenas 25 copias distribuidas a instituciones de derechos humanos en Brasil y en el exterior. Ha sido considerado un trabajo fundamental para el establecimiento de la verdad sobre el régimen militar y para el avance de los derechos humanos en Brasil. Una síntesis del informe, llamado Projeto B se publicó en forma de libro en la ciudad de Petrópolis, estado de Rio de Janeiro, en 1985.

El documento incluye testimonios acerca de la labor de agentes de la CIA de los Estados Unidos, como el oficial estadounidense Dan Mitrione, quien enseño los llamados "métodos científicos para arrancar confesiones y obtener la verdad". De acuerdo a numerosas y documentadas denuncias, Dan Mitrione entrenó a cientos de agentes militares y policiales brasileños, utilizando en sus experimentos inicialmente niños y indigentes recogidos de las calles de la ciudad de Bello Horizonte, capital del estado de Minas Gerais.


De modo semejante a la reacción irascible de los militares salvadoreños ante la publicación del informe de la Comisión Verdad para El Salvador – que fue tildado como “injusto, incompleto, ilegal, parcial y atrevido” – después de publicarse los volúmenes del Brasil Nunca Mais, las Fuerzas Armadas del país publicaron un furioso documento de respuesta, con el título Brasil Sempre, justificando su acción basada en su presunta misión de salvar la patria del comunismo.


HACIA LA VERDAD OFICIAL

Sin embargo, en una sorprendente y coherente decisión, el gobierno brasileño decidió por fin investigar los crímenes de la dictadura. En octubre de 2009, el Nucleo de Estudos da Violencia, de la respetada Universidad de Sao Paulo (USP), promovió una Conferencia Internacional sobre el Derecho a la Verdad, con la participación de Paulo Sergio Pinheiro, relator de la ONU para Derechos Humanos.

Fue el impulso definitivo para la constitución, 25 años después del fin de la dictadura brasileña, de una Comisión de la Verdad de carácter oficial en Brasil. La medida es parte de una serie de otras políticas gubernamentales a favor de la Memoria Histórica y justicia a las víctimas de los regímenes militares que han estado siendo llevadas a cabo en el país desde el comienzo del gobierno Lula.


El establecimiento de la Comisión será anunciado, según Pinheiro, en diciembre de 2009 y conforma la primera vez que Brasil, el único país suramericano que no puso en claro los crímenes de regímenes autoritarios, investiga oficial y formalmente el tema. Varios de los ministros de Lula, incluyendo la propia ministra de la “Casa Civil, Dilma Roussef, nombre preferido de Lula para sustituirlo en la presidencia, han sido arrestados y torturados por los militares.
Los términos, poderes y miembros de la Comisión de la Verdad de Brasil aún no son conocidos. Las opiniones de los especialistas afirman que el éxito de la Comisión dependerá del poder de esta de citar legalmente los testigos y acceder los archivos secretos del Ejército que, según la cúpula militar, han sido destruidos.


También en 2009, el gobierno brasileño ha inaugurado un impresionante proyecto de promoción de Memoria Histórica, vinculado al Archivo Nacional, llamado “Memorias Reveladas”. El objetivo es convertirse en un polo difusor de informaciones sobre el tema de la represión y de la resistencia política en Brasil entre las décadas de 1960 e 1980, con miras a promocionar el amplio acceso a las fuentes de información y contribuir para el debate de naturaleza académica y política sobre el período. Como parte del proyecto el gobierno ha lanzado una campaña televisiva
solicitando a los ciudadanos que notifiquen el Archivo concerniente a documentos y informaciones sobre la dictadura y especialmente los desaparecidos.


Hoy en Brasil hay todavía oficialmente 144 desaparecidos políticos.